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Un mensaje del obispo

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

(Enero/Febrero 2019)
 
La semana pasada asistí a la Asamblea General de la Conferencia Católica de los Obispos en la ciudad de Baltimore. Quiero comenzar dándoles las gracias por las oraciones y sacrificios que ofrecieron por mí y los obispos
que participaron en esta reunión. Me sentí fortalecido por su apoyo y creo que mis hermanos obispos sintieron lo mismo.
 
Todos los obispos, estábamos preparados para discutir y votar por las medidas a tomar con respecto a la crisis de la Iglesia sobre el abuso sexual de clérigos y el encubrimiento de este abuso por parte de obispos.
 
El lunes, antes de que la reunión empezara, hubo un anuncio especial del Presidente de la Conferencia Católica de los Obispos de los Estados Unidos (USCCB), el Cardenal Daniel DiNardo. El anunció que el Cardenal Marc Ouellet, prefecto de la congregación para los Obispos le había enviado una carta instruyendo a los obispos que aplazaran la votación sobre cualquier asunto relacionado con la crisis de abuso hasta después de la reunión de los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo, la cual tendrá lugar en febrero. El Papa Francisco los convocó a esta reunión con el fin de evaluar el problema de los abusos con una perspectiva global y formular conclusiones provechosas.
 
Me quedé atónito con este anuncio. Tanto yo como los demás obispos no habíamos imaginado esto, especialmente porque sucedió solo unas horas antes de que la reunión comenzara. Me dirigí hacia el obispo que estaba junto a mí y le dije: “¿Qué se supone que haremos durante los próximos tres días?” Afortunadamente, el primer día de la reunión había sido reservado para la oración. Los obispos, como un cuerpo, pasamos tiempo ante el Santísimo Sacramento y celebramos el sacramento de la penitencia. También escuchamos a dos víctimas de abuso sexual del clero, fue conmovedor su testimonio sobre el poder de la gracia sanadora de Dios en sus propias vidas. El día de oración concluyó con la Misa presidida
por el arzobispo Bernard Hebda de la Arquidiócesis de San Pablo y Minnéapolis quien nos dio una homilía profunda y desafiante.
 
Personalmente considero que este día de oración fue un gran regalo y bendición. Me preparó para participar en los siguientes días con un renovado sentido de esperanza en que nuestro tiempo de reunión contribuiría en última instancia a la realización del propósito de Dios para nuestra Iglesia aquí e incluso en todo el mundo.
 
Les comparto tres asuntos que los obispos discutieron pero sobre los cuales no votaron:
  1. El establecimiento de una comisión especial para la revisión de quejas contra obispos por violaciones de los estándares de responsabilidad de los mismos. Dichos estándares incluirían el abuso sexual de un menor, el acoso sexual o la mala conducta con un adulto, y el mal manejo de reportes de las acciones antes mencionadas. Esta comisión, compuesta principalmente por laicos, iniciaría una investigación preliminar de las denuncias recibidas por un sistema de información de terceros. La comisión especial enviaría su informe al Nuncio Apostólico, quien a su vez lo enviaría a la congregación apropiada en el Vaticano. El manejo de asuntos penales que involucran a obispos le pertenece solo al Papa.
  2. El establecimiento de estándares de responsabilidad para obispos como se mencionó anteriormente.
  3. El establecimiento de un mecanismo de información de terceros para las violaciones de los estándares de responsabilidad para obispos, como se mencionó anteriormente. El sistema incluiría un número de teléfono gratuito y un enlace para la presentación de informes en línea, ambos podrían ser publicados en cualquier sitio web diocesano.
Lo que surgió de la discusión de estas propuestas fue que los obispos están comprometidos a facilitar la presentación de reportes de abuso o mala conducta por parte de los obispos. Además, están comprometidos a encontrar el modo para responsabilizar a los obispos de su mala conducta y el uso indebido de su cargo. La presentación de estos reportes involucraría significativamente a los laicos. De gran importancia es el hecho que los obispos siguen pidiendo una investigación completa de la trayectoria del Arzobispo Theodore McCarrick y cómo fue promovido en repetidas ocasiones ante los reclamos que ahora han salido a la luz. La Santa Sede anunció a principios de Octubre que estaba empezando una investigación del Arzobispo McCarrick y que se publicará un informe a su debido tiempo. Esperamos recibir los resultados de dicha investigación y asegurar que se haga justicia en este asunto de profunda preocupación.
 
No obstante las medidas descritas anteriormente ayudarán a que nuestra Iglesia sea más segura y
a que los obispos rindan cuentas de su liderazgo, nunca debemos perder de vista a aquellos que han experimentado el trauma del abuso sexual por parte del clero. Aunque los autores de estos abusos puedan haber muerto, los sobrevivientes permanecen en medio de nosotros. Les pido perdón a todos aquellos que han sufrido estos crímenes malignos. Prometo mis oraciones, mi apoyo y la buena voluntad para escucharlos.
 
Ahora me doy cuenta de que será poco lo que se implementará en la Iglesia de los Estados Unidos y tendrá que ser hasta la próxima asamblea general de los obispos en Junio. La Santa Sede ha determinado que la solución a este problema de abuso sexual debe provenir de un proceso que involucre a la Iglesia en todo el mundo. Oremos por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, para que por medio de nuestras oraciones y la guía del Espíritu Santo, Él nos pueda conducir por el camino de la santidad y que éste se convierta en una nueva y duradera reforma de la Iglesia que amamos.
 
Sinceramente suyo en el Señor,
Reverendísimo David J. Walkowiak