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June 2008 Issue
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Bishop's column
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Mis
queridos amigos, Las temporadas de primavera y verano
ofrecen muchas oportunidades para reunirse con amigos
y familiares y celebrar ocasiones tales como graduaciones,
casamientos, reuniones de ex-alumnos y familiares. Estas
ocasiones festivas nos recuerdan que somos parte de
algo mayor; somos miembros de una unidad mucho más grande. |
La visita reciente de nuestro Santo Padre a los Estados Unidos
claramente destacó esa realidad; nuestra membresía en la Iglesia
Católica se extiende más allá de nuestras familias parroquiales
y diocesanas. Desde mi temprana infancia, me acuerdo con cariño
de las reuniones semanales de mi familia en el rancho de mis
abuelos maternos en Canadá. Mi madre y sus hermanos eran ocho;
cada Domingo mi familia inmediata junto con mis tías, tíos
y primos nos reuníamos en el "rancho familiar" para estar
juntos y almorzar. Mis primos y yo nos divertíamos mucho investigando
los alrededores del rancho, jugando a las escondidas, y a
otras aventuras al aire libre; juntos forjamos memorias que
atesoro hasta el momento sin incluir aquella cuando me resbale
por una soga en el granero y me rompí un diente.
Como
en todas relaciones, no siempre estuvimos de acuerdo, pero
puedo afirmar que la mayoría del tiempo que pasamos juntos
generó risa, conversación y muchas memorias felices. El "rancho
familiar" no era ostentoso. Al principio no había agua corriente
o electricidad - estos vinieron más tarde - pero los humildes
alrededores no tenían relación con la calidad de tiempo que
compartimos. A medida que pasaron los años, las circunstancias
cambiaron; mi abuelo falleció y muy pronto mi abuela se dio
cuenta que ella no podía manejar sola el rancho. El rancho
se vendió y mi abuela se mudó al pueblo para vivir con una
tía.
Sin
el "rancho familiar" ya no tuvimos un lugar de reunión que
proveyera suficiente espacio para que nos pudiéramos reunir.
Las reuniones familiares se hicieron menos frecuentes y las
relaciones, mantenidas tan fuertemente por medio de nuestras
reuniones semanales en el rancho, se debilitaron. El rancho
fue una señal y un símbolo para todos nosotros de quien éramos
como familia. Cuando estuve en la escuela secundaria, mi familia
se mudó a Detroit. Algunos de mis familiares se quedaron en
el área; otros se mudaron. No es sorprendente que a lo largo
de los años perdiéramos contacto unos de otros. Si llegara
a encontrarme con mis primos hoy, no les reconocería ni ellos
tampoco a mí… ¡por lo menos sin mi sobrero episcopal! El símbolo
del "rancho familiar" transmite el valor y el beneficio de
establecer un espacio en particular para que se reúnan familias
o comunidades; asimismo ilustra lo que puede ocurrir cuando
no se tiene disponible un lugar así. Históricamente, nuestras
oficinas diocesanas administrativas se encontraron al lado
de la Catedral de San Andrés.
En
los 80's cuando se precisó de espacio adicional, algunas oficinas
diocesanas fueron trasladadas al antiguo edificio de St. Joseph
Seminary en la Calle Burton y otras fueron alojadas en varios
sitios en la ciudad de Grand Rapids. Aunque estas instalaciones
suplieron nuestras necesidades durante ese periodo en nuestra
historia, ahora no son eficientes fiscalmente, tecnológicamente
o en cuanto al espacio disponible. La Plaza Catedral destaca
la Catedral de San Andrés y funciona como el centro de la
iglesia diocesana, capacitándonos a servir más efectivamente
a nuestras 103 parroquias y misiones y a la comunidad en general.
Esperamos
ocupar el centro pastoral diocesano ubicado en la Plaza Catedral
a medios de Julio. Estoy muy agradecido por el apoyo que el
proyecto de la Plaza Catedral ha recibido de parte de parroquianos
en todos los 11 condados de nuestra diócesis y de miembros
de la comunidad en general. Una señal visible para todos,
la Plaza Catedral es nuestro lugar especial, donde nos reuniremos,
adoraremos, y celebraremos nuestra fe católica y unos a otros…
y donde juntos podamos promover la misión de la Iglesia de
nuestro Señor en colaboración con la comunidad en general
y otras iglesias.
- Bishop Walter A. Hurley is the
11th bishop of the Diocese of Grand Rapids.
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